Mi hijo quiere un perro... ¿he de adquirir uno?

Muchos niños se ilusionan con tener un perro, sobretodo si este es gran amante de los animales. Si tu hijo es de aquellos que cada vez que ve un perro en la calle o que se le acerca uno, quiere acogerlo y acariciarlo, seguramente te estarás planteando la idea de adquirir uno… y es que, no hay familia en la que, antes o después, no se escuche esta frase: "¡Quiero un perro!".

 

Antes de precipitarte, y tomar una decisión incorrecta, te pedimos que tengas en cuenta algunos factores...

 

Si adquieres un cachorro, es importante que recuerdes que éste, como todos los bebés, será muy inquieto y querrá morder todo lo que tenga cerca o en frente, incluidos los juguetes de tu hijo, su ropa, tus muebles, etc., por lo que es recomendable tener un perro cuando los niños se encuentran en una edad en la que pueden organizar sus cosas y juguetes por si mismos.

 

También es importante que tengas en cuenta, que los niños, si son pequeños, toman a los animales como juguetes. Quieren cargarlos, zarandearlos y jugar con ellos constantemente... por ello, te aconsejamos que esperes al momento en que el niño tenga consciencia suficiente para entender que los perros son seres vivos a los que hay que tratar con delicadeza.

Aún teniendo claro este punto, a ciertas edades, los niños no se paran a pensar ni entienden que tener un animal en casa es mucho más que jugar con él, que es una responsabilidad para muchos años. Todavía no entienden lo que implica asumir una obligación tanto tiempo. Pero aunque a estas edades aún no puedan hacerse cargo por completo de una mascota, y sean los padres quienes se ocupen y responsabilicen del animal, sí que pueden colaborar en su cuidado. Por ejemplo, incluyendo la alimentación del cachorro dentro de su rutina de la noche: me baño, ceno, le pongo la comida a Coco, me lavo los dientes y me voy a la cama.

De este modo, empezarán poco a poco a tomar la responsabilidad de tener un animal como mascota.

 

Teniendo todo esto en cuenta, queremos insistir en que un niño pequeño puede encargarse de ayudarnos con el animal, de acompañarnos en su paseo o de ponerle comida cuando nosotros se lo indiquemos, pero nunca puede ser el responsable de una mascota. Este es el primer punto que hay que tener claro para evitar futuros problemas. Adquirir un cachorro es una decisión y una responsabilidad de los padres.

En nuestro país se cuentan por miles los animales abandonados en vacaciones. Y las personas que los han adquirido (y desechado cuando han dejado de hacerles gracia) son adultos, no niños. Es necesario que los padres reflexionen muy bien si ellos quieren una mascota, y si están dispuestos a asumir todo lo que conlleva (incluido el gasto o la limitación para viajar) antes de acoger una. Jamás se debe traer a casa un animal solo por darle un capricho a un niño. 

Son muchos los aspectos que debemos tener en cuenta a la hora de adquirir una mascota. En primer lugar debemos ser conscientes del tiempo que tenemos disponible para su cuidado, así como del espacio que hay en casa para el animal. Son seres que van a depender tanto física como afectivamente de nosotros. Si se trata de un cachorro, necesitaremos mucho tiempo y paciencia para que aprenda cuál es su lugar en el nuevo grupo y el significado de nuestras órdenes. Si no nos vemos capaces de educar al cachorro adecuadamente o no tenemos la paciencia o el tiempo suficiente, lo mejor es dejarnos ayudar por profesionales.

También es importante pensar qué vamos a hacer durante las vacaciones, si tenemos la posibilidad de llevarlo con nosotros, o de que alguien lo cuide mientras estamos fuera. Un animal no es un capricho pasajero, ni un juguete para los niños; son seres vivos que necesitan que les alimenten, les bañen, les cuiden, y les quieran. Otro aspecto importante son las circunstancias personales de cada uno, una mascota no sólo implica tiempo, sino también cierto desembolso económico en alimentación, veterinario, peluquería...

 

Después de sopesar todos estos temas, debemos preparar a los niños sobre lo que va a suponer la llegada del cachorro a casa. Hay que hacerles comprender que no es un juguete más que pueda dejar de lado cuando se canse o aburra. Es muy positivo que les leamos libros sobre el cuidado y las necesidades que tendrá el cachorro y, sobre todo, que lleguemos a un acuerdo respecto a las tareas del niño con la mascota. Sin olvidar la edad y madurez de nuestros hijos, que los responsables finales son los padres, y que siempre debemos supervisar a los niños mientras están cuidando o jugando con sus nuevos amigos “peludos”.

Si tenemos completamente claro y en cuenta todo lo dicho anteriormente, hemos de saber que una mascota le aportará muchas cosas buenas a un niño. Numerosos estudios señalan que los niños que crecen junto a una mascota desarrollan un mayor sentido de la responsabilidad al descubrir cómo el animal necesita de su atención y de sus cuidados; lo que además potenciará su capacidad de empatía y compasión. Muchos adquieren una mayor autoestima como consecuencia de su relación con el animal. Por otra parte, los niños con mascotas observan conductas biológicas que enriquecen su conocimiento del mundo animal y su entendimiento de lo necesaria que es la adaptación a realidades diferentes que luego se extenderá a futuras relaciones interpersonales.

Asimismo, las familias con mascotas pasan más tiempo juntas, interactuando con sus animales de compañía, realizando actividades, ya sean de juego o de cuidado. Los niños potencian su desarrollo del lenguaje mientras hablan con el animal y favorecen su capacidad de lenguaje no verbal al observar comportamientos que conllevan significados concretos.

Sin olvidar el foco de cariño mutuo hacia el animal, que por lo general, siempre está cerca de sus amos, acompañando a los niños en sus juegos.