La alimentación de tu cachorro


 

El cachorro, al igual que un bebé humano, tiene unas necesidades nutricionales muy específicas y, al propio tiempo, ya que su estómago es todavía pequeño y su sitema digestivo está aún en pleno desarrollo. No puede albergar en él gran cantidad de alimento de una sola vez. Esto significa que además de procurarle un alimento adecuado a su talla y edad, será necesario darle de comer varias veces, es decir, que como mínimo por la mañana, a medio día, y por la noche. Según vaya creciendo podrá reducirse el número de tomas dos (o una), manteniendo esta pauta para toda su vida.

Tu cachorro quemará una cantidad asombrosa de energía durante los primeros meses de vida, por lo que es importante asegurarse de que recibe la alimentación más equilibrada. Piensa que tu perro crecerá tanto en su primer año como un niño en sus primeros 14 años. Cada raza tiene una velocidad de crecimiento, por lo que la nutrición que elijas debe ajustarse a la especie y el tamaño del mismo. Elegir la mejor alimentación es la clave que le permitirá llevar una vida larga y saludable.

Para controlar el sarro y la placa dental, es aconsejable nutrirlo con un alimento seco, ya que le ayudará a aflojar los dientes de leche y acelerar así el proceso de dentición. Si la boca de tu cachorro es muy sensible, ablanda la comida sumergiéndola primero en agua tibia, o leche en polvo para cachorros (caliente).

 

 

 

 

 

¡Muy importante!

 

No le des leche a tu perro (a no ser que sea leche en polvo, especial para cachorros), contrariamente a lo que se cree de manera popular, es mala para ellos, ya que no la digieren bien. La mayoría no toleran la lactosa y acabarán por tener diarreas, vómitos y otros problemas gastrointestinales.

Tampoco el chocolate es bueno. Contiene teobromina, que causa un incremento del ritmo cardíaco, estimula el sistema nervioso central y constriñe las arterias. Puede causar vómito, diarreas, hiperactividad y hasta infartos o muerte. Si el chocolate es cocinado el efecto puede ser más rápido y devastador.

La cebolla es muy tóxica para los perros. Los disulfidos que contiene dañan los glóbulos rojos de su sangre y puede tener consecuencias fatales. Se pueden volver anémicos, débiles y con problemas respiratorios.

Nada de huesos, y mucho menos si son de pollo, conejo, o cualquiera que pueda astillarse. Pueden poner a la mascota en peligro si se quedan atrancados en el tracto intestinal o en la tráquea.

La cafeína, al igual que el chocolate, estimula peligrosamente el sistema nervioso central y el cardíaco, lo que puede provocar en cuestión de horas vómitos, hiperactividad, taquicardias e incluso la muerte.

El alcohol es muy malo para los perros. No se necesita mucho alcohol para intoxicar una mascota. Los animales se pondrán nerviosos y atacarán cosas, hiriéndose a sí mismos. El único líquido recomendado para tu mascota es el agua.

Un alimento que los perros dijieren muy mal es la patata.